PARA EL “ANEXO”

Autora: Mar Mounier @elhigadodmarita

“La vida te da sorpresas…” dice una vieja canción. Y claro, éstas son sorpresotas cuando descubres que periodistas caviares y hueveras “paladínes de la ética y la moral” son asalariados del gobierno de turno… ¿para qué demonios? ¡vaya usted a saber!  Como dice “la Gigi”, “¡Me muero muerta!”. Lo hilarante del tema es que estos “pristinos”, “intachables” y “moralmente superiores” renacuajos viven achacando al resto todos sus defectos y deméritos pero, cuando son “sacados al fresco” en cuestionamientos válidos, no tienen mejor salida que… ¡victimizarse!. ¿Recuerdan a los “dignos” contratados por Susana Villarán? ¡Solo les faltó crucificarse calatos en la cruz del cerro San Cristóbal “defendiendo” su “derecho al trabajo”! cuando el quid del asunto era “¿por qué razón han sido contratados?”. Bien, parece que se repite la historia. En este caso, Marcos Sifuentes, alias @uterope, ante la irrefutable evidencia proporcionada por portales de transparencia del Estado, ha hecho un tibio descargo pero no ha explicado de dónde michi, por qué michi ni cómo michi es que lo contrataron. Sólo parece haber respondido como los auto-proclamados “conciencia moral del Perú” acostumbran hacer: hostigando, acusando y pataleando.

Pero ya, fuera de bromas y chacota (que encierra bastante verdad), aquí hay un tema que sí es alarmante: el gobierno estaría contratando a periodistas bastante conocidos por sus ojerizas contra opositores políticos. La pregunta es “¿PARA QUÉ?”. Marcos Sifuentes, alias @uterope, es conocido en las redes sociales como “periodista”, bloguero y tuitero de muy discutible “neutralidad” y “objetividad” . Es conocida su metecandelería y carbonería contra líderes que ¡oh casualidad! son incómodos para el gobierno. Es el paladín del antiaprofujipepekausapotocacapichi y toda la DBA. Nada más lean sus escritos. Y se despacha a sus anchas contra quienes no comulgan con sus disforzados postulados Batmanianos. En fin, que el individuo en cuestión pueda estar en contra de quien se le pegue la gana no es problema. El tema es ¿a éste señor contrata el Estado? ¡No pues, no nos la hinchen! Y ojo: estamos hablando de un gobierno que desde sus inicios no ha hecho más que embestir a la oposición. Porque sabido es por todos que no hemos visto a un presidente que busque el consenso y la unión. ¡Todo lo contrario! Hagamos un repaso y recordemos las veces que Ollanta Humala ha respondido lanzando las botas por la cabeza a la oposición del gobierno. Y sin ir muy lejos, observemos nada más al impresentable excorreveidile de Urresti molestando a damas respetables y metiendo cachiporra a tutti li mundi. Porque aquí no se salva nadie. Aquí, si no se es “parte del”, entonces se está “en contra de”. Y de que te tiran palos, te los tiran.

No es problema si estos aficionados al periodismo hacen uso de su legítima libertad de expresión para meter palo, chicote y gasolina. Tampoco es interés de nadie si los contrata Pepita San Quintin. Sin embargo, sí compete a la opinión pública saber POR QUÉ estos que se dicen “independientes” y que alegan ser “frilos” (freelance) o “trabajadores independientes” perciben pagos del Estado. Es entonces que, en aras de la transparencia, habría que rendir oportunas explicaciones y el gobierno responder: ¿Está negociando el Estado los contenidos de algunos aficionados al periodismo y otros personajillos con presencia mediática? ¿Está el gobierno haciendo uso de las redes sociales para despotricar contra sus rivales políticos? ¿Para qué contrata el gobierno a operadores “expertos en redes y en generación de contenidos”, independientemente de la calidad real de los mismos? ¿A razón de qué el Estado emplea los “servicios” de lo que a todas luces parecen ser “digitadores” parcializados con la línea política del gobierno, “líderes y generadores de corrientes de opinión”? ¿Es Marcos Sifuentes, auto-proclamado “bloguero más poderoso e influyente” (¿?) parte de ésta táctica? ¿Es la opinión de este periodista un “servicio ofrecido” y “negociado” al mejor postor? ¿Son sus contenidos y opiniones “condicionados” por sus empleadores? ¿Los constantes ataques son “gratuitos” o forman parte del “paquete de servicios” que se ofrece al contratante? ¿Cuál es el beneficio para nosotros los contribuyentes de contratar a Marcos Sifuentes? ¿Cuáles son las credenciales académicas y profesionales que acreditan a Marcos Sifuentes como “asesor” y/o “consultor” al más alto nivel del Estado? ¿Cómo, por qué y quién decidió su contratación? ¿Fue ésta una contratación “a dedo” o hubo concurso público? ¿Qué otros periodistas “independientes” contratan con el Estado? ¿Es ésta es una práctica común? ¿Qué “servicios” prestan puntualmente? ¿A beneficio de quiénes? ¿De todos los peruanos? Para evitar la predecible victimización, hacer preguntas no es atacar sino simplemente eso: preguntar partiendo de la premisa que como ciudadanos aportantes y responsables, tenemos derecho a saber en qué y quienes gasta (o desperdicia) nuestro dinero el Estado. Los jugosos salarios de estos afortunados consultores se financian con nuestros esforzados tributos.

Ahora vayamos al papelito, a la evidencia, a la carnecita. Porque según la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública 27806, art. 7 tenemos derecho a informarnos sin ser cuestionados. Y aquí va una captura de pantalla en donde se detallan pagos al bloguero en cuestión:

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En la siguiente captura, ha sucedido algo bastante extraño. Y es que la información sobre los pagos a Marcos Sifuentes alias @uterope habría sido borrada. Comparen la imagen grande y la más pequeña. La primera, es una captura del pantalla del día 18 de Febrero, 2015. La segunda agrandada, es la que se presenta hoy en el portal del Estado. ¿Quién y por qué se habría corregido esta información?

Captura de pantalla al 18 de Febrero del 2015:

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Captura de pantalla al 20 de Febrero del 2015:

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¿Ya se les salieron los ojos? ¡Yo todavía estoy recogiendo los míos! ¡25 mil lucrecios contantes y sonantes! ¿Algún bombero ha sido premiado por su valentía con esa cantidad? ¿Algún héroe de la patria? ¡”Soñemos despiertos”, decía mi abuelita Prosperina!. En fin, revisemos ahora algunos tuits de este exponente paradigmático de la objetividad opinológica. Porque es demasiada casualidad que en sus contenidos ataque a fujis, apros y pepekausas ¡mientras se aplica franeleada brava a Nadincita y Ollanta!

Aquí un ejemplo de este periodista “independiente” cuestionando pagos a un simpatizante fujimorista…

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Aquí Marcos “opinando” contra fujis, apros y pepekausas…

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Y entre “otros”, sus “objetivas” opiniones sobre la Primera Dama, Nadine.

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Y no podía faltar su respectiva lustrada de tabas a Ollanta:

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Summa summarum, no se trata de una cacería de brujas a personas que cumplen con su trabajo. Tampoco se discute si la contratación es ilegal o no. Aquí la cuestión fundamental es que los gastos del Estado están expuestos al escrutinio público, y en aras de la “transparencia” los implicados deben responder. Y para terminar, en el tema de ética profesional, ya pues huevertos ¡no se marqueteen como “independientes” cuando su dependencia económica, genera suspicacias sobre sus “contenidos editoriales” u “opiniones”! En el preciso instante que reciben dinero de arcas públicas se convierten en ASALARIADOS del Estado. Hagan un esfuerzo, estimados aficionados al periodismo y respondan sin evasivas ni atarantamientos. No intenten vernos la cara de cojudos.

En fin, la mesa esta servida muchachos. Harto chancho y rabanito, saquen ustedes sus propias conclusiones que yo ya saqué las mías.

¡Nos leemos!

La hígado.

 

De Charlies, lapiceros y oportunistas

 

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Sobre los fundamentalismos y el ataque al semanario frances Charlie Hebdo.            

No voy a empezar con político correctismos ni disculpando mi posición con un “por si acaso” o “antes que todo, yo condeno”. En un país en donde la fanfarronería y el poserismo no soporta las ideas claras, es hora que empecemos a decir lo que es necesario que se sepa, no lo que todo el mundo quiere escuchar en un ridículo afán por ser aplaudido.

Por eso mi rechazo profundo a la forma cómo la progresía y social-difusos pretenden vendernos gato por liebre. Repudio ese sesgo moral de querer imponernos qué es lo aceptable, lo políticamente correcto. Y rechazo también esa manipulación a las ideas opuestas para deformarlas y con falacias voltearnos la tortilla. No sólo existe el fundamentalismo islámico, judío o católico. También tenemos al secular fundamentalismo progresista con su retórica pro-libertades-relativas y condicionadas. Un tipo de pensamiento dogmático que nos impone que estos “racionalistas” son los nuevos y legítimos reguladores de la moral del siglo XXI. Cínicos que pretenden implantarnos su doble moral postmodernista que exige indignarnos, marchar y hacer vigilias sin sentido, para “defender” su deformado concepto de “libertad de expresión”. Una fanatizada “libertad de expresión” en la que se ha instaurado en el colectivo que es correcto el insulto islamófobo, antisemita y/o anticatólico, pero que rotula y condena de “homofóbico” al que caricaturice ofensivamente, por ejemplo, al MHOL.

Charlie Hebdo no exponía inocentes dibujitos que representaban el grito de la libertad, como nos plantean. Retrataba corrosivas imágenes cuyo mensajes tenían una alta carga de odio y prejuicio. Mensajes que simbolizaban incordia y desprecio hacia grupos humanos. Mensajes que incitaban la violencia, el rencor, el resentimiento. Mensajes en donde el racismo y la xenofobía eran aceptables. Mensajes que de haber sido publicados en medios islámicos o alguna revista católica hubieran puesto a patalear a todo el grueso de hipócritas de esa defensa de la libertad de expresión selectiva.

Un grupo de gente que lucra con la ofensa barata, con la “sátira” racista y xenófoba, con la intolerancia, con denigrar a grupos religiosos, no puede ser elevado al púlpito de los caídos en la legítima defensa de la libertad de expresión. Critico ese fundamentalismo postmodernista que nos impone una trastocada visión de las libertades en su afán por imponer su ideología laicista. Por lo mismo, no estoy dispuesta a dejarme estafar con mártires de contrabando, con gente que hizo de la representación degradante de quienes ellos convenían, su estandarte. La defensa de la libertad de expresión no va por tener que apoyar a quienes pretenden con lápiz, papel y etiqueta de “comunicadores”, servirse de valores democráticos para humillar e incordiar el odio.

La muerte fue un pago terrible que los terroristas cobraron a 12 personas. No hay justificación alguna para quitarle la vida a nadie. Dicen que todo muerto es bueno. Pero tampoco declaremos “héroes” a quienes fueron “víctimas”. ¿Quieren un héroe? Tienen a Ahmed, el policía musulmán que murió en manos de malditos criminales, defendiendo esa ética libertina de quienes despreciaban a su religión.

Es repudiable y condenable lo ocurrido en Francia. Pero aquí no hay solo un radicalismo, tampoco una sola orilla de extremismo, hay dos: el fundamentalismo islámico llevado a la insanía, y la lunática defensa de una fanatizada y sectaria libertad de expresión llevada al paroxismo.

Por Mar Mounier (El hígado de Marita)

(Artículo publicado en el portal El Montonero el 12 – Ene – 2015)